Es evidente para cualquiera que el mayor enemigo del hombre (occidental) moderno es la publicidad, herramienta principal del consumismo y cultivadora de utilitarismo y estupidez.
Me tiene harto vivir como carne de hamburguesa, en el medio, sin remedio, destinado a ser devorado por el consumismo infeccioso característico de nuestro occidente, nuestra Nueva Roma, con su brillante angloamericana CAPITAL, o bien por su dizque opuesto, ese «new wave» izquierdista juvenil que no me trago, que no es sino el discurso de unos pocos necios galopines, muchos de ellos gomelos «rebeldes» dispuestos a nada, pues ¡nada hacen! Son un síntoma inocuo de la enfermedad que nos corroe a todos la mente desde los bolsillos o la billetera. Lo lamentable aquí es que los que estamos en el medio (y somos conscientes de ello) somos maltratados por ambas partes, en especial por la primera, que parece mayoría (y en alguna forma lo es), pero que a la lupa no es tan grande pues, valga la redundancia, la mayoría de los que la defienden no son sino su sombra, ciegos que intentan adquirir ese modus vivendi que no pueden realmente alcanzar. Ambas partes, con solo unas muy escasas excepciones, están en el medio igual que nosotros, pero no lo admiten.
¡Basta! Que los medios nos respeten, me refiero especialmente a los impresos y televisivos. No más Diesel, Puma, Chevignon ni Levi's, detengan tanto exceso. No es posible leer una revista en paz, o ver un programa de televisión en el canal que sea y de lo que sea sin ser bombardeado constante e incesantemente por publicidades que venden mentiras. Eso sin mencionar el pleonasmo que cometen con las populares guías o sugerencias de compra, cosa que en especial me irrita, no quiero saber de Armani ni de Páez y Minaya, que de maricas inútiles estoy hasta el cogote. Lo más molesto de esta publicidad no es su agresividad, es que venden imágenes de un mundo opulento y de «clase» supuestamente alcanzable a través de los productos a los que hacen referencia, costosos, e innecesarios por esto mismo. No hablo de erradicar la publicidad, y mucho menos el capitalismo, aunque es un bonito sueño, pero imposible (no me vengan con pendejadas). Lo único que digo es que merecemos respeto, no es necesaria tanta publicidad, y menos de artículos tan costosos en un país donde la mayoría vive alcanzada, no los vamos a comprar... Bueno, hay idiotas (por desgracia muchos) que sí lo hacen aun si se cohíben de cosas realmente necesarias, y eso es lo más triste, estos excesos publicitarios que nos sobresaturan, alimentan de estupidez y huequera las cabecitas de este pueblo desvergonzado, ignorante y descarriado.
Me molesta la publicidad, me molesta aun más que ofrezcan mentiras, y peor aun que lo hagan tan intensivamente. Siento que me violan constantemente, no hay paz, no se puede salir a la calle, ver televisión, oír radio, leer el correo o entrar a internet sin que seas bombardeado de forma descarada y ultra-agresiva, por no decir ultra-violenta, por cuanta publicidad es posible, no hay respeto, se meten en todo, es impotable. Lo que quiero es que nos... Bueno, que me respeten, es absolutamente innecesaria tanta publicidad, hemos llegado a un extremo que al menos para mí es molesto, y debería ser insoportable para todos, pero ya nos han acostumbrado tanto que aun para los que nos es molesto, no es insoportable, lo soportamos «bien», sencillamente porque el limite se hace cada vez más amplio, y es necesario, de lo contrario enloqueceríamos, digo, enloqueceríamos en maneras distintas y más evidentes, porque locos nos tienen a todos hace rato, es inevitable.
¡Pero claro! Pendejo yo ¿no? Si es que es todo eso la finalidad de la publicidad, si no ¿para qué? Creo que el que esta mal, el del problema, soy yo... Más fácil si desaparezco y dejo de joder.
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