lunes, diciembre 31, 2007

Dos dallas y palabras

Vivo traduciendo palabras que desconozco, palabras que repito, que siempre han estado vacías, y las traduzco para darles sentido. Vivo con el recuerdo de una mujer desesperada, amante, malvada... Y la mato a cada instante, niego haberla conocido y quisiera no haberlo hecho, es una astilla en el pie que no me deja caminar, me hace sangrar a cada instante, y duele.

Sé que ella está ahí, y siempre estará, no la vi salir cómo no la vi entrar, ella sigue ahí, martillando en su habitación para que yo la oiga, y aunque subo el volumen de la música no dejo de oírla, vive en la habitación contigua. Me llega su olor entre los poros de la pared, me embriago con él hasta perder el juicio, luego salgo, y ebrio voy pateando todo en la calle, choco con otra mujer, la miro a los ojos y solo me queda despreciarla... Tengo miedo, pero ella decide hablarme, y me hace hablar sin que yo entienda cómo, me entretiene, me reúne en mí para ella, me da un beso, me da su alma y también su cuerpo, estropea todo lo que hago y me hace dependiente, como un triste drogadicto que oculta su rostro cuando vaga por la calle, me hace ocultarla, amarrarla, me hace amarla y luego desaparece dejándome con síndrome de abstinencia. Sigo temblando, intranquilo, delirante, sigo estando frío y con secreciones nasales. Estos síntomas no han cesado.

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martes, octubre 23, 2007

No sé qué es

¿Sabes donde voy cada noche? Donde no hay lugar, conmigo en la cómoda nada manifestándose en la plenitud del silencio, junto al morbo, lo grotesco y la obscenidad. Voy a llenarte allí con el enorme espacio del vacío, llego a ti cada noche a través de mí, sin obstáculos, sin estorbos, un camino limpio de agua clara, de sombras brillantes que controlo, y se mantienen inmóviles; son astutas, obedecen porque saben que si no, mueren... Pero igual las mato, mueren en mis manos plácidamente en un estallido de sinsabor y dulzura, de vanidad y estupidez.

Soy quien te posee cálidamente cada noche, el que controla todo con solo poner la cabeza en posición, cubriendo mi cuerpo con suavidad y muriendo en un segundo que me lleva al siguiente en una rápida resurrección.

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martes, junio 19, 2007

La joda con ese tema

- ¿Qué más?
- Bien, ¿qué cuenta?
- Normal... Mamado de que los demás me jodan la vida.
- ¿Qué pasó?
- Lo de siempre, el loco de la esquina pegado dos cuadras pidiéndome monedas.
- Pero cagada, el tipo vive en la calle.
- ¿Para qué sirve ayudar a la gente?
- Usted siempre con ese tema... ¡Qué mierda!
- ¡No, pues! Perdón señor filántropo.
- ¡Que va!, no es eso, el problema es otro.
- Ah, sí... ¿Cual?
- Pues usted, ¿cual más iba a ser?
- ¡Ja!... Sí claro, yo, yo soy el problema, pero se le olvida que sin mí el verdadero problema sigue, solo que yo no me lo voy a tener que mamar más.
- Pues suicídese si tanto jode, ¿qué lo detiene?
- No quiero, ¿quien dijo que me quería suicidar?
- Entonces cállese... No me joda la vida con su amargura existencial.
- ¿Yo lo obligo a que me oiga? Usted me oye porque quiere, acepte que le gusta discutir el tema.
- Sí, sí, me encanta oírlo hablar del tema en esa forma, por eso siempre que lo hace le digo que cierre la boca.
- ¿Pero qué? Solo respóndame, eso es todo, con eso garantiza que me quede callado... ¿Para qué sirve ayudar a la gente?
- Pues le digo solo para que no me joda más: puede que sea solo un pañito de agua tibia, pero es un intento permanente de mejorar las cosas en el entorno, no más. No le digo que ayude, usted vera que hace, solo no me joda.
- ¡Por fin! Eso era todo... Yo tampoco le digo que no ayude, usted vera si se jode por otras personas a las que le importa un culo.
- Pues sí, yo veré que hago.
- No por joderle la vida más, hombre, ¿usted cree que las cosas cambian con su ayuda?
- Eso intento, aunque depende también del tipo de ayuda.
- ¿Cómo así?
- Pues claro, porque yo no es que sea un ejemplo y ande ayudando a la gente, simplemente contribuyo con algo cuando puedo.
- Bueno, sí, ¿pero a qué se refiere?
- Hombre, que gente cómo usted cree que ayudar es matar a medio mundo: «Suprimir la causa desaparece los efectos».
- Jajaja... ¿Por qué cree que yo pienso eso? Que critique ciertas cosas no indica que esté justo en la posición contraria a ellas, lo mismo me pasa cuando le digo a Felipe que la psicología conductista es una pseudo-ciencia que sirve solo para que el perro no se orine en la sala de la casa, en seguida me acusa de freudiano, y a mi Freud solo me parece un cocainómano desquiciado.
- Entonces, ¿qué sugiere?
- Nada... ¿Qué podría sugerir, lo mismo que todo el mundo? Que nos unamos en una causa común para «salir adelante» y que «todo mejore»... Eso incluye en algunos casos lo que hace usted, dar ayudas a diestra y siniestra malcriando y volviendo más inútil a esta ralea de vagos, en otros casos lo contrario, lo que según usted quiero hacer yo, desaparecer a medio mundo para «vivir mejor»... Nada funciona, no va a mejorar.
- Ya le dije que yo solo contribuyo con cosas cuando puedo, no vivo en función de eso. Además, si no le parece que haya solución, ¿para que discute el tema?
- Pues porque me saca de quicio ver que la gente se empeña estúpidamente en «tratar de mejorar» lo que desde el principio está mal, pueden ayudar a todos, pueden desaparecer medio mundo, pueden hacer lo que les venga en gana, después que «alcanzan el objetivo», entre ellos surge otro Némesis peor, es que la cosa no es de unos y otros no, la cosa es de todos, todos somos la maldita causa.
- ¡Sigámonos matando entonces! Por gente como usted estamos como estamos, no ayudan en nada, solo joden al resto con su resentimiento y pesimismo.
- Pero no es necesario sugerir que nos sigamos matando, desde el principio ha sido así, por siempre será así.
- ¡Resentido!
- Cómo quiera, pero con lo que digo no estoy jodiendo ni matando a nadie, vaya a ver usted todos los que quieren «ayudar» a cuantos joden y matan por «ayudar» y «mejorar la situación».
- Me está jodiendo la vida a mí, siempre con el mismo tema.
- ¡Y dale! Si no quiere oírme hablar del tema pues listo, no más, ya me respondió.
- Sí, ya, no me joda más.
- Nos vemos luego, espero que su ayuda pueda «mejorar el mundo».
- Suerte.

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jueves, agosto 03, 2006

(sonicat 1 - 06 diciembre 2005 19:25:13)

Y allí estaba ese hombre, en una esquina cualquiera de mi asfixiante y amada ciudad; estaba temblando, hablaba algo que aún yo no escuchaba, le miraban con repulsión. Él a ellos, buscándolos los ignoraba. Lo alcancé en poco, lo oí, estaba «loco», decía insensateces, sus palabras eran absurdas, ¿absurdas? Sí, de corriente lo creemos así, pero... ¿No es lo absurdo algo relativo? Aquel hombre parecía «loco» por lo que decía más que por otra cosa, pero su discurso (como todo) era absurdo solo con respecto al contexto que a él lo rodeaba, porque en tanto él, permanecía en dialéctica con sigo, con su yo. No era «loco» más que por quienes lo rodeábamos y no por él mismo, la locura no era en él una enfermedad, un accidente, no estaba en él, no hacía parte de él, era él, él hacía parte de la locura, él era locura, y en tanto, no estaba «loco». Él, sabiéndolo o no, estaba en contacto directo con su yo, con su delirio, al fin su yo. Sus palabras eran la expresión exacta de eso, por eso no eran absurdas; absurdo el contexto que las rodeaba, ¿o no? Un contexto vacío, egocéntrico, existiendo solo para sí, y entonces sobrante para él, el «loco» o más bien locura, seguramente se conocía mejor a sí mismo que los demás. Pues conocemos lo que nos rodea, pero no a nosotros mismos, por eso le llamamos «loco», porque ha logrado lo que a nosotros nos queda muy alto, alto, ya que ni lo buscamos. Él, entonces simplemente era un incomprendido, no decía nada absurdo aunque nosotros lo escuchásemos así, trataba de explicarlo, pero nosotros somos incapaces de entender aquellas cosas, por eso decimos absurdas a sus palabras y «loco» a él, porque solo lo entenderemos al ser cómo él, cosa que por miedo no intentamos ser. Entonces el asunto al final es así: él no es un «loco», es locura; lo que dice no es absurdo, solo no lo podemos entender y no nos atrevemos a ser como él, para nosotros siempre será un «loco» hablando incoherencias, absurdos, ¿cómo entender un lenguaje que no queremos aprender? Él es quien debe ser cómo nosotros, él debe conocer lo que desconoce, su entorno, que por otro lado, incluso a nosotros nos es extraño.

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