Vivo traduciendo palabras que desconozco, palabras que repito, que siempre han estado vacías, y las traduzco para darles sentido. Vivo con el recuerdo de una mujer desesperada, amante, malvada... Y la mato a cada instante, niego haberla conocido y quisiera no haberlo hecho, es una astilla en el pie que no me deja caminar, me hace sangrar a cada instante, y duele.
Sé que ella está ahí, y siempre estará, no la vi salir cómo no la vi entrar, ella sigue ahí, martillando en su habitación para que yo la oiga, y aunque subo el volumen de la música no dejo de oírla, vive en la habitación contigua. Me llega su olor entre los poros de la pared, me embriago con él hasta perder el juicio, luego salgo, y ebrio voy pateando todo en la calle, choco con otra mujer, la miro a los ojos y solo me queda despreciarla... Tengo miedo, pero ella decide hablarme, y me hace hablar sin que yo entienda cómo, me entretiene, me reúne en mí para ella, me da un beso, me da su alma y también su cuerpo, estropea todo lo que hago y me hace dependiente, como un triste drogadicto que oculta su rostro cuando vaga por la calle, me hace ocultarla, amarrarla, me hace amarla y luego desaparece dejándome con síndrome de abstinencia. Sigo temblando, intranquilo, delirante, sigo estando frío y con secreciones nasales. Estos síntomas no han cesado.
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